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lunes, 4 de julio de 2016

COMO SOBREPONERSE AL ESTADO MENTAL: “NO ME EJERCITO (ENTRENO) PORQUE” MI VIDA ES COMPLICADA, NO TENGO TIEMPO, TENGO UNA LESIÓN”, ETC, ETC,ETC



Cuando se trabaja de 8am-5pm es duro desarrollar alguna motivación real para ejercitarse o ser activo una vez que finalmente has llegado a tu casa. En mi caso les cuento que durante un buen tiempo yo me ejercité disciplinadamente (haciendo TaeKwonDo y corriendo) hasta que sufrí mi primera lesión de rodilla y luego quedé embarazada, lo que me convirtió en aquello que los corredores de habla inglesa llaman “couch potato” (literalmente “papa de sofá”. No suena demasiado lógico en español, hasta que visualizas una papa abultada y sin forma tirada sinvergüenzamente en un sofá con el control remoto en una mano y un tazón de helado en la otra… ¿ahora si entienden a qué se refiere?). Lo que me hizo saltar del sofá, fue recordar lo libre que me sentía cuando corría y decidí recobrar esa sensación.

He tenido una gran afinidad por correr desde que era niña, pero como suele pasar, poder disfrutar de esa afinidad se ha hecho más y más difícil con el paso del tiempo. Por lo que fue un gran alivio  darme  cuenta que no estaba sola y que las dificultades que he tenido también las han tenido muchas otras corredoras/madres/trabajadoras,(dentro y fuera de Trota La Urbina) por lo que  quisiera compartir a continuación la experiencia y reflexiones de una de ellas (@corikeating) (en las que me vi 100% reflejada) y que la ayudaron a zafarse de las excusas y reconciliarse con la pasión de correr.

Me enfoco más en por qué corro y no para dónde corro: Estoy ocupada, todo el tiempo. Tengo que estar en algún lugar a una hora determinada y es estresante porque usualmente todo coincide. 

Así que me pregunté: ¿Para qué corro? ¿Qué hay más allá de las metas? ¿Qué hay más allá del destino? Correr me hace libre. Tengo el poder de usar mis dos pies y que ellos me lleven a cualquier lado, y en cualquier momento puedo decidir que me lleven hacia otro lado. Cuando corro,  disfruto el escenario y respiro profundamente.  Si las viejas rutinas me están conteniendo, escojo nuevos destinos sin establecerme un tiempo determinado. Corro por el placer de correr.

Me di cuenta que me he estado “recuperando” de una lesión durante
demasiado tiempo: Unos años atrás, sufrí un desgarro de tendón y me tomé demasiado tiempo en atenderlo. Ocasionalmente me volvía a lesionar la misma área y terminaba sintiéndome torpe y boba. Las lesiones por correr son muy desalentadoras especialmente para aquellos que ven en riesgo su estilo de vida. Lesionarse es muy común, pero puede causar desastres en tu rutina. De repente, la vía de escape con la que cuentas para compensar el stress de tu vida diaria desaparece.

Me tuve que preguntar: ¿Por qué estoy evitando correr? En mi caso, estaba asustada después de lesionarme y dejé que el miedo manejara mi vida. Los fisioterapeutas han descubierto que las lesiones físicas pueden causar barreras psicológicas. Se ha comprobado que estar a la expectativa de sentir dolor puede conducir a lo que se conoce como el modelo de miedo-evitación (así bien raro como suena la palabra porque es un término traducido textualmente de la palabra en inglés “avoidance”) Estas barreras, causadas por el dolor y el miedo pueden evitar la recuperación, y es exactamente lo que me ocurrió a mí. Mi consejo es buscar ayuda. Cualquier tipo de terapia física o de otro tipo, es la mejor manera de comenzar el proceso de sanar.

Mi relación con el correr se volvió complicada, y me encontraba en estado de total negación. La verdad es que la lesión que realmente necesitaba sanar era mucho más profunda que mi desgarre de tendón. Me amargué. Pero el mayor impulso para levantar mi trasero del sofá fue la darme cuenta que mi pasión por el running todavía estaba por ahí, en alguna parte, y todo lo que tenía que hacer era ¡Correr! Quizás no una maratón, pero al menos comenzar.

Me reté a mi misma: Había reemplazado mi método de correr para compensar el stress de mi vida, con unas flojas caminatas y excusas de que estaba realmente muy cansada y ocupada. La rutina y práctica que había adquirido con mi disciplina del principio se desvanecieron. El letargo se filtró a otros aspectos de mi vida. Honestamente, me sentía como un zombie. Así que decidí que era hora de hacer cambios. Al principio fue difícil, las cosas eran distintas y mi cuerpo debía reajustarse. Me inscribí en un 5K y comencé a trabajar y a entrenar para desarrollar de nuevo una rutina. Traté cambiando la hora de mis trotes y empecé a escuchar listas de reproducción divertidas y motivadoras. Cada día probaba algo nuevo para seguir por el buen camino.

Y después de cierto tiempo y dedicación, ¿Adivinen qué ocurrió? Reavivé mi amor por correr. Fue super refrescante el tener finalmente estabilidad y libertad en mi vida. Ahora entreno en las mañanas y al terminar el día, y cuando sea que cuadre con mi horario. Es algo hermoso e inspiracional ver el amanecer o presenciar la aparición de las libélulas al atardecer.  Una rutina relajada ha sido  esencial para mí, porque tener una rutina es una forma clave para desarrollar disciplina de nuevo.

Hazlo y comienza con pequeños pasos.

 Así que ¿Por qué corres para no correr? ¿Cuál es tu relación con el running? Como en cualquier otro tipo de relación, puede llegar a ser complicada a veces y es de humanos sentir culpa, tristeza y temor. La forma de superarlo es llegar a la raíz de por qué necesitas el correr en tu vida, y simplemente, empezar a hacerlo de nuevo. 

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